TATVAMASI "Tú eres eso" - AHAM BRAHMASMI " Yo soy Brahman" - AYAMATMA BRAHMAN "Este Yo es Brahman" - PRAJÑANAM BRAHMAN "La Conciencia es Brahman" - SATCHIDANANDAM BRAHMAN "La eterna existencia, la conciencia eterna, la eterna paz es Brahman".
"Mi enseñanza no es una filosofía. Es el resultado de experiencia directa. Mi enseñanza es un medio de practicar, no algo a lo que aferrarse o motivo de adoración. Mi enseñanza es como una balsa que permite cruzar el río. Sólo un tonto llevaría la balsa de vuelta después de haber llegado y alcanzado la otra orilla de la liberación. " - Buddha
"Los grandes sabios no se identifican con ninguna religión o credo particular. Están por encima de ese tipo de distinciones. Ellos pertenecen a toda la humanidad." - Swami Rama

"Sirve, ama, da, purifícate, medita y realízate. Sé bueno, haz el bien, sé amable y compasivo. Pregúntate: ¿Quién soy yo? Conoce el Ser y sé libre." - Sri Swami Sivananda Maharaj

"No te quedes sentado en forma ociosa. Sabe que tú eres Divino en tu naturaleza esencial. Tú no has venido aquí a llorar y a lamentarte. Afirma tu Divina naturaleza. Despierta! Levántate! Tú eres un peregrino en el sendero de la Verdad." - Swami Chidananda
Si hay una constante en todas las fuentes de yoga, esa es su insistencia en el carácter “secreto” de su enseñanza. El secretismo es la forma de salvaguardar la transmisión íntegra y protegerla de contaminaciones externas. Aunque actualmente el acceso a todo tipo de información es libre, rápido y cómodo, el carácter secreto del yoga sigue estando vigente. Cabe distinguir entre “información”, a la cual se puede acceder de manera casi ilimitada, y “conocimiento”, cuyo acceso está tan restringido hoy como siempre lo ha estado. En la tradición india, el conocimiento es un bien que se merece y conquista, no un derecho que tienen todos los hombres por igual, a modo de como se entiende en el mundo moderno. Tradicionalmente, el acceso a los textos clásicos estaba restringido a iniciados en yoga, principalmente porque su comprensión dependía directamente de su práctica. De esta forma, se evitaban malas lecturas manteniendo la escritura en secreto. Actualmente, casi todo el mundo puede tener acceso a la lectura de estas obras o a alguna de sus traducciones. Sin embargo, de todos los que tendrían acceso a la lectura, verdaderamente muy pocos se interesarán por las obras, y de esos, otros pocos las leerán. De esos escasos lectores, alguno será practicante de yoga. Y de esos practicantes, quizá alguno llegue a comprender su contenido. De esta manera, se puede entender que la restricción de este tipo de textos sigue siendo la misma que cuando fueron redactados por primera vez. La única diferencia es que tradicionalmente se evitaban las lecturas inapropiadas a través del secretismo, y en el mundo moderno, el libre acceso a la información propicia que algunos confundan “información” con “conocimiento”. Más allá de esas distinciones, el conocimiento verdadero sigue estando protegido como siempre lo estuvo. - José A. Offroy

viernes, 22 de marzo de 2013

SRIMAD BHAGAVAD GITA UPANISHAD - part 1


CAPITULO 1.º
EL DESALIENTO DE ARJUNA



DHRITARASHTRA:
1.¡Oh Sanjaya! Dime, ¿qué han hecho mis hijos y los hijos de Pandu, reunidos en el campo santo de Kurushetra, ansiosos por luchar?

SANJAYA:
2. Viendo las huestes de los hijos de Pandu listas para luchar, el rey Duryodhana se acercó a su
maestro Drona y le habló así:
3. Contempla, Oh maestro, el aguerrido ejército de los pandavas, dispuesto en formación de combate por tu antiguo discípulo, el inteligente hijo de Drupada.
4. En este ejército podemos ver a nobles guerreros y héroes, tan grandes como Bhima y Arjuna; mira a Yuyudhana y Virata y el rey Drupada, el del poderoso carro.
5. Y Dhristhaketu y Chekitana, el rey de los chedis, y el valiente rey de Kashi, y Punejit, Kuntibhoja, y Saibya, el mejor de los hombres.
6. Y Yudhamanyu, ci victorioso, y el poderoso Uttamaujas, y Saubhadra, el hijo de Arjuna, y los cinco príncipes de la reina Draupadi; todos ellos en sus carros de guerra.
7. Mas también escucha, ¡oh tú, el mejor de los dos veces nacido!, los nombres de los principales guerreros de mi ejército. Los traeré a tu memoria.
8. Tú mismo, mi maestro de guerra, y. también el sabio y viejo Bhishma. Está Karna, el enemigo de Arjuna y Kripa el victorioso en muchas batallas, tu hijo Ashvatthaman, Vikarna y el hijo de Gonadatta.
9. Y muchos otros héroes, bien conocidos por su habilidad en el uso de las varias armas y su maestría en la guerra, todos listos para dar su vida por mí.
10. Nuestro ejército, encabezado y protegido por Bhishma, es inconquistable; mientras sus ejércitos, dirigidos por Bhima, fáciles son de conquistar.
11. Así pues, firmes todos en vuestras posiciones, protegiendo los diferentes frentes de batalla.¡Defended a nuestro jefe Bhishma!
12. Bishma, el viejo y glorioso guerrero de los Kurus, al oír esto, con la intención de enaltecer el desfallecido ánimo de Duryodhana, lanzó un grito de guerra como el rugido de un león, soplando luego con fuerza sus potentes caracolas.
13. Y en respuesta, el cielo se llenó con un pavoroso estruendo de redobles de tambores de guerra, címbalos y trompetas. El clamor que juntos elevaron fue como el trallido de un trueno terrible.
14. Con lo cual, Krishna6 y Arjuna el hijo de Pandu, de pie sobre un carro de guerra tirado por caballos blancos, respondieron al reto haciendo sonar sus divinas caracolas.
15. Krishna, el Señor del alma, sopló su caracola Pandrajanya, y Arjuna la suya Devadhata.
Su hermano Bhima, el de tremendas hazañas, sopló su gran caracola Paundra.
16. El rey Yudhishtriya, el hermano mayor de los cinco príncipes pandavas, sopló su caracola Anantavij aya (eterna victoria); y Nakula y Sahadheva la Sughosha (dulce sonido) y Manipushpaka (joya incrustada), respectivamente.
17. Y también el rey Kashi, de poderoso arco, y Sikhaudi el del gran carro, Drishtadyumna, Virata y Satyaki, el nunca vencido.
18. Y el rey Drupada, señor de la tierra, y los cinco descendientes de su hija Draupadi, y Subhadra, el hijo de Arjuna, de poderoso brazo; todos hicieron sonar sus caracolas de guerra por doquier.
19. Con el sonido de tan aterrante clamor, temblaron el cielo y la tierra; al igual que los corazones de los hijos de Dhritarashtra, Duryodhana y sus guerreros.
20. Entonces Arjuna el hijo de Pandu, cuyo emblema simbólico era un mono, al ver a los hijos de Dhritarashtra en formación de combate y dispuestos a lanzar al vuelo sus primeras flechas, tomó su arco Gandiva1 y así habló a Krishna, el Señor de los hombres.

ARJUNA:
21. ¡Oh Krishna inmortal! Te ruego que conduzcas mi carro y lo pongas en medio de los dos ejércitos.
22.De este modo podré ver a los guerreros Kurus tan deseosos de lucha, con quienes me tengo que enfrentar ahora, al comienzo de esta batalla.
23.Así podré contemplar a aquéllos que aquí han venido preparados y ansiosos de lucha, para combatir por los perversos deseos del hijo de Dhritarashtra.

SANJAYA:
24.Cuando Krishna escuchó las palabras de Arjuna, condujo su glorioso carro hasta colocarlo en medio de los dos ejércitos.
25. Y situándose enfrente de Bhishma, Drona y otros príncipes, habló así el Señor de los hombres: contempla, Oh Arjuna, los ejércitos de los Kurus reunidos en el campo de batalla.
26. Entonces Arjuna vio en ambos ejércitos a padres, hijos, abuelos, nietos, hermanos, tíos, suegros, maestros y amigos.
27. Cuando Arjuna vio a sus seres queridos encarados unos a otros en líneas de combate, se le inundó el corazón de tristeza, y con desaliento y pesar dijo estas palabras.

ARJUNA:
28. ¡Oh, Krishna! viendo a mis familiares preparados para la batalla, mis párpados desfallecen y se cierran; y mi boca se seca y queda amarga, temblores recorren mi cuerpo y mi cabello se eriza con horror.
29. Mi arco Gandiva cae de mis manos, el pecho me arde, y mis músculos desfallecen pudiendo apenas mantenerme en pie, pues mi mente vaga en todas las direcciones. Presiento malos augurios.
30. ¡Oh, Krishna! ¿Por qué matar a mis propios familiares en el fragor de la batalla?
31. No veo ninguna gloria en ello. No tengo deseos de victoria.
32. ¡Oh, Krishna! Ni siquiera por el reino y todos sus placeres. ¿Cómo podemos querer un reino, o sus placeres o incluso la vida?
33, Cuando aquéllos para los que desearíamos ese reino y esos placeres, y los goces de la vida, están aquí en este campo de batalla, a punto de perder su vida y sus riquezas.
34. Listos, y dispuestos a exponer su vida en esta batalla, se encuentran: maestros, padres, hijos, abuelos, nietos, padres, yernos y esposos de esposas que solas quedan.
35. De ningún modo quiero dañarles, oh Krishna. Incluso aunque deseasen matarme. No los dañaría ni por el imperio de los tres mundos; menos aún, por un reino en esta tierra.
36. La desgracia recaería sobre nosotros, si matamos a estos hombres; aunque sean malos.
¿Qué gozo encontraríamos en su muerte, oh Krishna, liberador de las almas?
37. ¿Acaso puedo matar a mis familiares, los hijos del rey Dhritarashtra, hermano de mi propio padre? ¿Qué felicidad obtendríamos matando a nuestros seres queridos en la batalla?
38. Aunque ellos, con sus mentes obcecadas por la codicia, no tengan ningún reparo en destruir una familia, ni en traicionar a sus propios amigos.
39. Nosotros no deberíamos hacer esto, ya que vemos maldad en la destrucción. ¿No crees que deberíamos cuidarnos de cometer semejante fechoría?
40. Con la destrucción de una familia desaparecen sus virtudes y tradiciones, y al faltar estas virtudes, la iniquidad corroe el seno de la familia.
41. Cuando esto sucede, Oh Krishna, las mujeres de esa familia se corrompen, y su corrupción origina gran confusión en las castas y en el orden social.
42. Este desmán llevará a la familia y a los destructores de la familia a un destino fatal. Los espíritus de sus muertos sufrirán en el infierno al verse privados de las ofrendas y los ritos funerarios.
43. El delito de los destructores de la familia, cuyo resultado es el desorden social, destruye la nobleza del nacimiento, los antiguos ritos y los altos valores.
44. Y, oh Krishna, los hombres cuyas virtudes familiares están corrompidas, son condenados al infierno. Así nos ha sido dicho.
45. ¡Oh mal día! Qué espíritu maligno ha poseído nuestras mentes, cuando aquí estamos, dispuestos a matar a nuestra propia gente en el campo de batalla por un reino terrenal.
46. Más me valdría que los hijos de Dhritarashtra, encontrándome desarmado y sin ofrecer resistencia, me aniquilasen en medio de la lucha.

SANJAYA:
47. Así habló Arjuna en el campo de batalla; y dejando a un lado su arco y sus flechas, con su alma inundada por la desesperación y la pena, se desplomó abatido sobre el asiento de su carro.

CAPITULO 2.°
MUNDO, ILUSION Y MUERTE

SANJAYA:
1. Elevóse el espíritu de Krishna, y así habló a aquél cuyos ojos estaban llenos de lágrimas, sumido en la desesperación y la pena, su amigo Arjuna.

KRISHNA:
2. Es indigno de un noble como tú dejarse atrapar por el desaliento en el momento de la lucha. ¿Cómo es posible? Esto no te hará ganar ni el cielo ni la tierra.
3. ¡No desfallezcas Arjuna! Esto no es propio de un hombre como tú. Sobreponte a ese mediocre desaliento y levántate como el fuego que quema todo lo que encuentra a su paso.

ARJUNA:
4. ¿Deberé disparar mis flechas contra el hermano de mi abuelo, el grande y venerable Bhishma? ¿Deberé matar con mis flechas a mi maestro Drona, por quien siento veneración?
5. Preferiría antes vivir de la mendicidad que alimentarme con comida real sabiendo a sangre. No puedo matar a mis maestros, aunque ahora estén turbados por la codicia; aún son mis sagrados maestros.
6. No sé cual de los dos bandos sería mejor que ganase. No sé si desearía vivir después de ver muertos a los hijos de mi tío el rey Dhritarashtra.
7. En lo más profundo de mi alma, siento desolación. Mi mente no puede discernir cuál es mi deber. Como tu discípulo, vengo a Ti en súplica, en Ti busco refugio; por favor, sé la luz que aparte la oscuridad de mi confusión.
8. Ni el reino de este mundo entero, ni el reino de los dioses en el cielo, pueden apaciguar el fuego de la pena que quema mis entrañas.

SANJAYA:
9. Así habló Arjuna, completamente abatido, al ecuánime Krishna: “¡No lucharé!”, dijo, y quedó en silencio.
10. Krishna sonrió a Arjuna con ternura. Y allí, entre los dos ejércitos, la voz de Dios se manifestó con estas palabras:

KRISHNA:
11. Te afliges por quienes no lo merecen, y tus palabras no son palabras de sabiduría. Un sabio no siente lástima por los que viven, ni tampoco por los que mueren. La vida y la muerte no son diferentes.
12. Siempre hemos existido: tanto yo, como tú, como esos reyes. Y existiremos por siempre y para siempre.
13. Al igual que el alma experimenta la infancia, la juventud y la vejez, sin verse afectada por las mutaciones de este cuerpo; así también tomará otro cuerpo después de la muerte. En un sabio no cabe duda acerca de esto.
14. ¡Oh, Arjuna! El mundo de los sentidos nos produce sensaciones de frío y de calor, de placer y de dolor. Todas estas sensaciones vienen y se van; son transitorias. ¡Elévate sobre ellas, alma vigorosa!
15. El hombre que no es afectado por los sentidos; ni por el placer ni por el dolor, éste es merecedor de vida eterna.
16. Lo irreal nunca ha existido; lo Real nunca ha dejado de existir. Con certeza, esta verdad sólo la han podido entender los auténticos buscadores de la verdad.
17. El Espíritu es indestructible e imperecedero; todo lo penetra. Nadie puede destruir ese Ser Inmutable.
18. A pesar de que estos cuerpos tendrán un fin, habita en todos estos cuerpos, mas está más allá del tiempo: el Espíritu es inmortal e infinito. Así pues, ¡participa en la lucha, noble guerrero!
19. Tanto el que piensa que el alma mata, como el que cree que puede ser muerta, ambos son ignorantes. Ni puede matar ni puede ser muerta.
20. El Espíritu nunca nace y nunca muere: es eterno. Nunca ha nacido, está más allá del tiempo; del que ha pasado y el que ha de venir. No muere cuando el cuerpo muere.
21. Cuando un hombre reconoce el Espíritu como no nacido, imperecedero, inmutable e indestructible, ¿cómo podría este hombre matar o ser muerto?
22. Al igual que un hombre se quita un vestido viejo y se pone otro nuevo, el Espíritu abandona su cuerpo mortal para tomar otro nuevo.
23. Ningún arma puede herir al Espíritu, ni el fuego puede quemarlo, ni el agua puede mojarlo, ni el viento puede arrastrarlo.
24. Más allá del poder del fuego, de la espada, del agua y del viento, el Espíritu es eterno, inmutable, omnipresente, inamovible, y siempre uno.
25. El Espíritu está más allá del cambio y del pensamiento; los ojos mortales no pueden verlo. Reconoce que el Espíritu es lo único que permanece y cesa de sollozar.
26. Aunque el alma estuviese destinada irremisiblemente al ciclo de nacimientos y muertes una y otra vez, no deberías, aún así, sentirte turbado por la tristeza.
27. Ciertamente, todo lo que tiene un principio ha de tener un fin. La muerte es el final seguro para quien ha nacido. Pero es igualmente seguro que quien ha muerto ha de renacer. Así pues, no deberías afligirte por lo inevitable.
28. Invisibles son todos los seres antes de su nacimiento, e invisibles volverán a ser después de su muerte. Sólo en el transcurso entre estos dos estados invisibles, resulta posible que los podamos ver. Siendo esto verdad, ¿por qué afligirse?
29. Alguien puede creer en el Espíritu, como la visión de una maravilla, y nos lo describe como tal. Mientras que otros tan sólo han oído que es maravilloso; pero aún habiéndolo oído, ninguno de los dos lo conoce en verdad.
30. El Espíritu inmortal mora en todos los seres y la muerte no puede afectarlo. Reponte, pues, de tu tristeza.
31. Por esto, piensa en tu deber y no dudes. No hay mayor honor para un guerrero que participar en una lucha por el restablecimiento de la virtud.
32. ¡Oh, Arjuna! Hay una batalla que ganar antes de que nos sean abiertas las puertas del cielo. ¡Felices son aquéllos guerreros cuya actitud es participar en esa guerra!
33. Y no luchar por la justicia es traicionar tu deber y tu honor; es despreciar la virtud.
34. Los hombres hablarán de tu deshonor, tanto ahora como en tiempos venideros. Y para un hombre noble, el deshonor es peor que la muerte.
35. Los guerreros dirán que por miedo desertaste del campo de batalla. Y todos aquéllos que antes te hacían alabanzas, ahora te harán escarnio.
36. Tus enemigos te llevarán al descrédito poniéndote en ridículo, olvidando tus proezas y diciendo cosas indignas de ti. ¿Puede haber, para un guerrero, mayor vergüenza que ésta?
37. Si mueres, obtendrás gloria en el cielo. Y si sales victorioso, obtendrás tu gloria en la tierra. Así pues, ¡levántate, Arjuna, con tu ánimo listo para la lucha!
38. Permanece en paz, tanto en el placer como en el dolor; en la victoria, tanto como en la derrota; tanto si ganas como si pierdes. Prepárate para la guerra con tu alma tranquila; si estás en paz, no hay pecado.
39. Así pues, escucha la sabiduría del Yoga: camino de la libertad de ataduras y de lo eterno. Ésta es la sabiduría Sankhya: la visión de lo eterno.
40. En este camino, ningún esfuerzo es baldío, ni existe posibilidad de desgracia. Hasta el más mínimo progreso supone liberación de tus miedos.
41. El único pensamiento que debe ocupar la mente de quien anda este camino es determinación. La mente de aquéllos que no tienen determinación desvaría perturbada por un aluvión de pensamientos.
42. Hay hombres que, aun careciendo de visión espiritual, hablan ostentosamente con versatilidad y usando muchas palabras; siguen los Vedas al pie de la letra y afirman que eso es todo lo que hay que saber.
43. Sus almas están embadurnadas con deseos mundanos y sólo buscan la satisfacción de deseos materiales. La recompensa para éstos es nacer una y otra vez. 
44. Aquéllos que aman el poder y el placer, se entregan a esas experiencias, carecen de la firme determinación, necesaria para hacerse uno con el Uno. Ejecutan ceremonias que les prometen poder y placeres.
45. El mundo de los Vedas está sometido a las influencias de los tres Gunas. ¡Oh, Arjuna! Elévate y líbrate de ellos; permanece en la Verdad que está más allá de todos los pares de opuestos. Ve más allá de las posesiones y las ganancias. ¡Recupera tu propia alma!
46. Para un sabio dotado de visión espiritual, los Vedas tienen tanta utilidad como un pozo que ha sido cubierto por una inundación.
47. Concentra tu mente en tu trabajo, pero nunca permitas que tu corazón se apegue a los resultados. Nunca trabajes por amor a la recompensa, y realiza tu trabajo con constancia y regularidad.
48. Realiza tu trabajo en la paz del Yoga, lejos de todo deseo egoísta; desapegado del éxito, tanto como del fracaso. La paz del Yoga es estable y permanente, pues trae equilibrio a tu mente.
49. La acción realizada en la sabiduría del Yoga es muy superior a cualquiera otra realizada con fines interesados. Tu salvación está en la sabiduría. ¡Qué desgraciados son aquéllos que trabajan por una recompensa!
50. La sabiduría lleva al hombre más allá de lo bueno y lo malo. Encuentra pues la sabiduría: el Yoga es la sabiduría en acción.
51. Los sabios conocedores de la auténtica sabiduría ejecutan su trabajo desapegados de su recompensa. Y libres así de la esclavitud al nacimiento, obtienen con seguridad la salvación.
52. Una vez que hayas cruzado el profundo océano de Maya estarás aún más allá de lo que hay escrito en cualquier escritura; ya sea de tiempos pasados o los que han de venir.
53. Cuando tu mente esté confusa por la controversia de tantas escrituras contradictorias, deberás concentrarla en la contemplación divina: así alcanzarás la Meta Suprema del Yoga.

ARJUNA:
54. ¡Oh, Krishna! ¿Cuáles son los síntomas que permiten reconocer a un hombre sabio, dotado de visión divina? ¿De qué modo habla? ¿Cuál es su silencio? ¿Cómo actúa?

KRISHNA:
55. Cuando un hombre se libera de todos los deseos que anidaban en su corazón, y por la gracia de Dios encuentra la dicha divina, entonces su alma descansa definitivamente en paz.
56. El que no es perturbado por las penas ni anhela las alegrías, ya desapegado de los placeres y estando más allá de la pasión: éste es un sabio de mente equilibrada.
57. Quien no se regocija en la fortuna y los bienes, ni se apena en el infortunio o la enfermedad; aquél que donde quiera que esté está libre de ataduras, sin duda posee suprema sabiduría.
58. Quien, al igual que la tortuga, vierte su conciencia hacia dentro, replegando sus sentidos de atracción que ofrecen los placeres externos, éste posee ecuánime sabiduría.
59. Cuando un hombre repliega sus sentidos, los placeres desaparecen, pero no el deseo de tenerlos. Éste sólo desaparece cuando el alma ha obtenido visión de lo supremo.
60. La impetuosa voluptuosidad de los sentidos arrastra a la mente hacia las cosas externas, perturbando así a los hombres sabios, buscadores de la perfección.
61. Hay que retraer la conciencia de los sentidos y verterla en la armonía interior sentándose pues en meditación y con devoción, el alma encuentra descanso en Mí. Cuando los sentidos están en armonía, se obtiene serena sabiduría.
62. El apego surge del deleite en los placeres de los sentidos; del apego surge el deseo y del deseo, la lujuria y el ansia de posesión; y esto conduce a la pasión y a la ira.
63. La pasión turba a la mente y merma la memoria, haciéndonos olvidar nuestro deber. Esto acarrea la insensatez, y la insensatez lleva al hombre a la destrucción.
64. Pero el alma que a pesar de estar en el mundo de los sentidos, mantiene sus sentidos bajo control está libre de apego y descansa serena.
65. En esta paz mental, toda tristeza o sufrimiento desaparecen, pues esa paz es sabiduría y en ella el corazón encuentra sosiego.
66. Un hombre sin disciplina, jamás obtendrá sabiduría, ni tampoco contemplación. Sin contemplación no puede haber paz, y sin paz, ¿cómo puede haber gozo?
67. Pues cuando la mente vaga tras los placeres de los sentidos, la pasión perturba su sabiduría, igual que el viento empuja un cascarón sobre las aguas.
68. El hombre que aparta sus sentidos de los placeres externos obtiene serena sabiduría.
69. Cuando es noche para los demás seres, el hombre disciplinado despierta a la Luz. Y lo que es día para los demás seres, para el sabio que puede ver, es noche.
70. Al igual que todas las aguas fluyen hacia el océano, y no por eso el océano se desborda, el sabio, aunque le surjan deseos, permanece en unidad inquebrantable con su paz interior.
71. El hombre que abandona el orgullo de la posesión, libre del sentimiento del “yo” y de “lo mío”, alcanza la paz suprema.
72. Este es, oh Arjuna, el hombre que descansa en Brahman. Al reconocerle desaparece toda ilusión. Aunque esto ocurriese en el último momento de la vida de un hombre sobre esta tierra, éste puede alcanzar el Nirvana Supremo: este hombre encontrará paz en la unión con Dios.

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